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(Suena: The end - The Doors)

viernes, 14 de diciembre de 2007

Nooo!

viernes, 14 de diciembre de 2007
Hoy os voy a contar una de mis anécdotas estrella. Aunque no me deja muy bien, y no porque hiciese algo malo, sino por el lugar.

Sucedió hará un año. En el velatorio de un primo de mi padre. Como lamentablemente sabréis, velar a un muerto no es lo más divertido del mundo y aunque yo no lo hubiese visto en vida, no podía evitar sentirme triste. Lo que en un principio fue una solemne muestra de respeto a los familiares del difunto, progresivamente se acabó convirtiendo en mi presentación a una parte de la familia que no conocía… raro ¿verdad?

No recuerdo a cuanta gente me presentaron, pero tirando por lo bajo diría que unos doce. Y con todos, la misma conversación: ¿Y que estudias? ¿Qué tal vas de novias? ¡Ay que alto! ¡Que chico mas guapetón! etc… Menudo calvario. Por no hablar de besar a señoras extra-maquilladas e hiper-perfumadas.

Pero todo tiene un límite y mi paciencia es escasa. Así que cuando me harté de que ‘nosequién’ me soltara el royo sobre ‘nosequé’, le corté, le dije que tenia que ir baño y me largué a la cafetería del complejo.

Nada mas entrar en la cafetería observé el panorama y me senté en la barra, al lado de dos preciosidades. Y no por casualidad ;) Pedí un café con leche y un croissant. Las dos chicas estaban ojeando un periódico. Cuando llegaron a los deportes una foto de Deco llamó mi atención. Con el disimulo que me caracteriza, o sea ninguno, leí la noticia por encima del hombro de la belleza morena que tenia a mi lado.

La chica, lógicamente, se dio cuenta. Y con mucha simpatía me dijo ‘Acércate, acércate. Que cabe uno más’… Y me acerqué ;) Yo se lo agradecí, me presenté, se presentaron y tras los besos de rigor empezamos a hablar. Durante una media hora hablamos de mil cosas. Y con una maestría propia del mismísimo Casanova, obtuve información de vital importancia.

En un momento dado, llegó mi padre. Me vio y se acercó. Entonces dijo siete palabras que cayeron sobre mí como una losa: ‘Veo que ya conoces a tus primas’. Me xxxx en la xxxx, juré para mis adentros.

Tanto ellas como yo, nos quedamos a cuadros. Nadie en el mundo se podía esperar eso. Pero ahora va lo mejor. Con la falta de autocontrol que me caracteriza, solté esta perla: ‘¡A que dices nada! Ahora me siento sucio, por haberles estado echando la caña’ .

Tras un segundo de silencio, mi padre y ellas, se echaron a reír a carcajada limpia. Imaginar la escena... La cafetería de un complejo funerario, llena de gente que no estaba para risas, y de repente cuatro personas partidas de risa. Surrealista total…

miércoles, 12 de diciembre de 2007

12 Miradas

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Mi receta


Una mirada amiga.
Una mirada sincera.
Una mirada presumida.
Una mirada pícara.

Una mirada humilde.
Una mirada simpática.
Una mirada infantil.
Una mirada surrealista.

Una mirada curiosa.
Una mirada tierna.
Una mirada melancólica.
Una mirada esperanzada.


Todas ellas hacen un total de 12 Miradas.


lunes, 10 de diciembre de 2007

Enemigos

lunes, 10 de diciembre de 2007
Por naturaleza y por carácter siempre he tenido facilidad para hacer amigos, aún sin proponerlo. Por eso, me siento raro afirmando que tengo un enemigo. Pero no es un enemigo cualquiera. Es todo un archienemigo.

Cada mañana cuando me levanto ahí está, el muy cabrón. Observándome, riéndose de mí. Diciéndome: “hoy tampoco va a ser el día”. Antes de que penséis que comparto piso con algún bastardo malnacido, os diré quién es mi enemigo.

Mi enemigo se llama Vetiver y es un frasco de colonia. ¡Si! Como lo leéis. ¡Un frasco de colonia! Y, ¿que me ha podido hacer a mí, un inanimado frasco de colonia?, os preguntareis. Pues bien… no gastarse.

Llevaré echándome a diario esa colonia más de dos meses, y nada… no hay manera. Tan solo habré gastado una quinta parte. A este ritmo puede que esa maldita colonia me entierre primero.

¿Y que puedo hacer? Echarme más, descartado. Porque no es cuestión que los que estén a mi lado caigan mareados por abusar de ella. No quiero causar daños colaterales, no es ético que otros paguen por mis actos. Y tirarla, ¡Jamás! Seria como reconocer mi derrota. Seria darme por vencido. ¡Y eso nunca!

No se que haré… por ahora la seguiré usando. El tiempo dirá y pondrá a cada cual en su sitio. Solo espero que el mío no sea un manicomio.

sábado, 8 de diciembre de 2007

Sorpresa, sorpresa

sábado, 8 de diciembre de 2007
Para subir a la universidad siempre cojo el 44. Tiene sus alicientes… ;) Pero el martes pasado cogí el 50. ¿Por qué? Pues porque haciendo el tonto en casa le di un rodillazo al armario de mi cuarto. ¡Y sorpresa! Mi rodilla es más blanda que el conglomerado. Por tanto, no estaba para andar mucho y el 50 pasa muy cerca de mi casa.

Para no romper con la tradición olvidé mi mp3. Así que como iba solo me entretuve mirando por la ventana. Serian las 9:50 y a la altura de Gran Casa (centro comercial), en su segundo semáforo, vi a Cris. Pues bien…felicidades, y quien es esa, pensareis.

Cris, viene de Cristina. Y es aquella a la que iba dirigido el post titulado This is the end. Que no la del post Recuerdos. Ambas son como el día y la noche. Absolutamente antagónicas. Cris es guapa pero insufrible, la otra, sencillamente perfecta.

A ver… que me disperso. Yo iba en el bus, y ella esperaba para cruzar. El semáforo se puso ámbar, y el autobús en lugar de acelerar y pasar como siempre ha sido y siempre será, paró. Ella me vio. Yo, ya la estaba mirando. Se sintió avergonzada y soltó el brazo del tío con el que iba. Yo, ni sentí ni padecí. La verdad es que me dio igual.

Cinco minutos después me llegó un mensaje suyo. Lo siento, decía. Sentir el qué, me pregunté. ¿Que la hubiese visto con ese? A mi no me importa. Lo único que me hirió y no sucedió aquel día sino una semana antes, fueron sus últimas palabras. ¡Para mi, seremos enemigos siempre!

Y ahora me decía Lo siento… Debe ser que soy muy tonto por que no entiendo nada.

jueves, 6 de diciembre de 2007

100 Cosas

jueves, 6 de diciembre de 2007
Me gustan:

Las chicas guapas, las piruletas, las minifaldas, pasear, escuchar, el cocido, el tenis, Schumacher, dibujar , la cerveza Coronita, Verdi, los escotes, hablar, el fútbol, los chicles de fresa, estornudar, desayunar por segunda vez en la universidad, contar batallitas, la F1, los Red Hot Chilli Peppers, escribir, el sonido de los tacones, leer biografías, los documentales, los ojos azules, rascarme, Egipto, los coches, pensar, los canelones, ver fotos, hablar en público, exagerar muchísimo, la historia, inventar teorías absurdas, las chicas altas, que me lleven en coche, hacer deporte, la cienciaficción, hacer reír, mis calcetines de mickey mouse, las hamburguesas, que leáis mi blog, acompañar, enredar, las chicas elegantes, las series americanas, soñar con los ojos abiertos, ayudar y que una amiga lea mi novela.

No me gustan:

Los domingos sin fútbol, los mentirosos, el calor, las acelgas, los protestotes, la ambigüedad, la frase ‘lo que quieras’, las judías blancas, las imposiciones, esperar el bus, la electrónica, escupir, insultar, esperar, la pescadilla, el baloncesto, que no me devuelvan mensajes, las sardinas, la política, mentir, madrugar, las prácticas, las rencorosas, las zapatillas ajedrezadas, los conformistas, hablar sin mirar a los ojos, repetir las cosas, equivocarme, perder, que lean por encima de mi hombro, los pesados, el rosa, el chocolate blanco, los cotilleos, los pantalones caídos, discutir, decir palabrotas, la traición, los falsos, los cacahuetes, contar mi vida, dar explicaciones, perder el bus, la menta y que me oculten cosas.

martes, 4 de diciembre de 2007

Transformación

martes, 4 de diciembre de 2007
Hoy he hecho un trágico descubrimiento, fruto de mi perspicacia e intuición innata. La primera pista fue descubrir que no tenía carne ni músculos. Todo mi cuerpo era de plástico ¡Todo! Incluso ahí abajo. Sobresaltado me levanté de la cama y… segunda pista. No tenía rodillas, tobillos ni codos. ¡Que horror! Así no me podría poner los pantalones y contando con que duermo en calzoncillos, ya solo me faltaba resfriarme.

Pero la cosa no quedó ahí. Al mirarme al espejo todo empeoró. Mis ojos se habían convertido en dos puntitos, no tenia nariz, mis orejas habían desaparecido y mi pelo ahora era un casco mono color.

¿Qué me estaba pasando? ¿Me habría sentado mal la cena? O acaso eran las ondas de mi móvil que me habían hecho mutar. No sé la causa, pero si el resultado... ¡Soy un juguete! Y esto explica muchas cosas. Por eso, cuando cojo mis gafas de sol, se nubla. Si olvido el paraguas, diluvia. Y si espero algo, nunca sucede.

Sin duda, soy un juguete para alguien de ahí arriba. Al menos parece que todavía le intereso, que aún le divierto. Y que dure, porque no podría soportar convertirme en un juguete roto, viejo y olvidado...

sábado, 1 de diciembre de 2007

Recuerdos

sábado, 1 de diciembre de 2007
Hace un par de domingos caminaba por la Avenida Madrid (de Zaragoza). Al llegar a su cruce con el Paseo Calanda, uno de los mejores recuerdos de mi vida me sobrevino. En ese instante, el mundo pareció detenerse. Y allí reviví lo que en aquel mismo lugar sucedió hará algo más de dos años.

Los hechos se remontan a un miércoles por la noche. Justo acababa de cenar, cuando una amiga me llamó para preguntarme si quería acompañarla el viernes a comprarse unos zapatos. Yo accedí encantado. Y no por otra cosa que el estar con ella. El viernes, a mitad de tarde, vino a buscarme en su coche y juntos fuimos de compras. Andábamos despacio, muy juntitos, hablando no sé de que… Recuerdo que deseé que ese paseo durase toda la vida. Y de no haber sido por mi desidia, así habría sido.

No sé que sandeces le estaría contando, pero ella no paraba de reír. Y en el momento en que aparté la vista de sus ojos, para fijarme en un puesto de palomitas, sentí como ella cogía mi mano.

Mi corazón se aceleró, me puse nervioso, muy nervioso. La miré. Y allí estaba ella, mirándome con sus preciosos ojos castaños con betas azuladas. No supe que decirle… dudé. Habrían pasado un par de segundos escasos y ella me apretó un poco la mano. Como queriendo decir, “Chico despierta”. Yo acaricié su mano con mi pulgar. Y le dije… “No sabes lo feliz que me haces”. Ella no me contestó nada y poniéndose un poco de puntillas me dio un beso y estiró de mí, diciéndome “entremos en esa tienda”.

Así de tierno, así de bonito... asi fue el comienzo de una dulce relación.
 
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