Sucedió hará un año. En el velatorio de un primo de mi padre. Como lamentablemente sabréis, velar a un muerto no es lo más divertido del mundo y aunque yo no lo hubiese visto en vida, no podía evitar sentirme triste. Lo que en un principio fue una solemne muestra de respeto a los familiares del difunto, progresivamente se acabó convirtiendo en mi presentación a una parte de la familia que no conocía… raro ¿verdad?
No recuerdo a cuanta gente me presentaron, pero tirando por lo bajo diría que unos doce. Y con todos, la misma conversación: ¿Y que estudias? ¿Qué tal vas de novias? ¡Ay que alto! ¡Que chico mas guapetón! etc… Menudo calvario. Por no hablar de besar a señoras extra-maquilladas e hiper-perfumadas.
Pero todo tiene un límite y mi paciencia es escasa. Así que cuando me harté de que ‘nosequién’ me soltara el royo sobre ‘nosequé’, le corté, le dije que tenia que ir baño y me largué a la cafetería del complejo.
Nada mas entrar en la cafetería observé el panorama y me senté en la barra, al lado de dos preciosidades. Y no por casualidad ;) Pedí un café con leche y un croissant. Las dos chicas estaban ojeando un periódico. Cuando llegaron a los deportes una foto de Deco llamó mi atención. Con el disimulo que me caracteriza, o sea ninguno, leí la noticia por encima del hombro de la belleza morena que tenia a mi lado.
La chica, lógicamente, se dio cuenta. Y con mucha simpatía me dijo ‘Acércate, acércate. Que cabe uno más’… Y me acerqué ;) Yo se lo agradecí, me presenté, se presentaron y tras los besos de rigor empezamos a hablar. Durante una media hora hablamos de mil cosas. Y con una maestría propia del mismísimo Casanova, obtuve información de vital importancia.
En un momento dado, llegó mi padre. Me vio y se acercó. Entonces dijo siete palabras que cayeron sobre mí como una losa: ‘Veo que ya conoces a tus primas’. Me xxxx en la xxxx, juré para mis adentros.
Tanto ellas como yo, nos quedamos a cuadros. Nadie en el mundo se podía esperar eso. Pero ahora va lo mejor. Con la falta de autocontrol que me caracteriza, solté esta perla: ‘¡A que dices nada! Ahora me siento sucio, por haberles estado echando la caña’ .
Tras un segundo de silencio, mi padre y ellas, se echaron a reír a carcajada limpia. Imaginar la escena... La cafetería de un complejo funerario, llena de gente que no estaba para risas, y de repente cuatro personas partidas de risa. Surrealista total…

