Al rato me han entrado unas ganas descomunales de comerme una magdalena rellena de chocolate. El problema era que si la quería, tendría que levantarme y andar 4! metros. Primero, como es lógico y siempre hago… traté de usar mis superpoderes. Esto consiste en mediocerrar los ojos y hacer ‘fuerza mental’. Con el objetivo de abrir la puerta del armario y hacer levitar hasta mi mano una suculenta, dulce y doradita magdalena. Pero el ‘plan A’ falló. ¡Que raro! Así que puse en marcha el ‘plan B’. Que es tan avanzado, arduo y complejo como… esperar. ¿A qué? Pues a que se levante mi madre.
Y así lo hice. Luchando como una fiera para no dormirme en el sofá, aguante estoicamente hasta que mi madre se levantó de la cama. Entonces, empleé toda mi empatía y elocuencia para decir: ‘Mamá… dame una magdalena... De esas de chocolate’.
Mi madre me miró, se frotó los ojos incrédula y me dijo: ‘No me dirás que has estado esperando a que levante. Y todo, por no mover el culo’. Eh… ¿No?, argumenté. Como os podéis imaginar me quedé sin magdalena. Ohh… ‘Plan C’: Estirar el brazo. Fallido antes de empezar, principalmente porque mi brazo no es tan largo.
Armándome de valor, me levanté y contemplé prepotente mi objetivo, el armario. Con los brazos en jarra comencé a andar amenazante hacia él, como si en un duelo de pistoleros me encontrase. Estando a su altura, lo abrí con un movimiento rápido. Y después de luchar hasta la extenuación contra su envoltorio, conseguí sacar una magdalena. La mordí, mastiqué, saboreé, tragué y repetí hasta acabar con ella.
Que rica. Toda una delicia… Umm, todavía la recuerdo. ¡Y que energías me dio! En un visto y no visto, me puse el chándal, unas zapatillas de deporte y me bajé a correr. ¡Si! ¡Como lo leéis!
Dí un par de vueltas a mi barrio y después una al Parque de Oriente hasta que ya no pude más. Entonces, me senté destrozado en un banco y me entretuve observando a unas que hacían footing. Cuando recuperé el aliento volví a casa victorioso, con los brazos en alto, como si hubiese ganado la maratón. Vaya paliza, buff. Y sorprendentemente ni una agujeta… asombroso.





