
¿Y qué me decís de los parques infantiles? Los columpios de mi barrio siempre han sido de metal, duro, frío y con horribles colores chillones. De los que más te valía no caerte, porque el suelo era de gravilla. Y luego, encima del porrazo, llegabas a casa y tu madre te zurraba el culo por caerte y haber roto el pantalón. Pero ahora los parques están llenos de elegantes columpios de un finolis que asquean. Es más, creo que los niños no pueden subir si llevan calcetines blancos o zapatillas.
¡Como las bicicletas! La de veces que me habré caído. Así me he quedado… Pero eso es otra historia. Ayer vi un niño en bici que parecía un antidisturbios. Rodilleras, coderas, casco y guantes. ¡Habrase visto! ¿Así como va a endurecer el carácter? Tu cáete, hazte daño, jura, perjura, cágate en todo y que tu madre te cruce la cara por decir palabrotas… Así es como uno se hace hombre. A base de ostias. Ostias físicas o sentimentales. Pero eso también sería otra historia.